(Para las madres del mundo)
Por: J. León Rodríguez Zúñiga
Sentada en un pórtico
de una bella casa,
que los arquitectos llaman
construcción antigua.
Los rayos blancos
adornan sus hombros
al parecer cansados,
o sin proporción alguna.
En instantes caídos por naturaleza,
con la mirada alegre y satisfecha,
observa jugar a sus generaciones
en varios rincones de la casa vieja.
En ocasiones una sonrisa breve,
hace que sus pétalos se abran
con encanto de diversas flores
en sus más de cien primaveras.
Su rostro marchito un poco,
se levanta con gallardía propia,
pues complacida de mirar su obra
sabe lo que vale;... ¡ser madre!.
Por su vida han pasado mil oprobios,
con valentía y sabiduría vencidos.
Hoy sus hijos que en el cielo viven...,
mas los que la cuidan en la Tierra.
Al observarla con tiernos cuidados,
y no se afrentan de sus años.
Y que también adorando a su padre.
Dicen con orgullo y alegría :
“Ella, es nuestra madre”.
Mayo 10 del 2008.
viernes, 9 de mayo de 2008
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