domingo, 20 de diciembre de 2009

Las montañas de mi pueblo

Por: J. León Rodríguez Zúñiga

El día que miro las montañas de mi pueblo,

Comprendo que la naturaleza es caprichosa
Sobre todo cuando busco una esperanza
Que se refleja en el brillo de una estrella.


La estrella que me regala el alba,
La noche o la vigilia me han enseñado
Que la libertad es alcanzable
Cuando el pensamiento sereno se compacta.


A tal grado que las aves nocturnas,
No descansan, pues buscan su deidad
Convertida en alimento de su alma
Trotante en las presas que se escapan.


Pues saben el peligro que esperan,
Si descuidan sus movimientos en la obscuridad
Donde viven las avecillas parroquiales
En busca de sus tiernos huesos.

Mineral de Bustamante, Tam. 9 abril 2008.

J. León Rodríguez Zúñiga.

HABLÓ EL POETA

Déjame contemplar tu profunda mirada,

déjame saber que tus ojos esconden
dulzura de otra vida pasada.
Dónde entregaste amor que se llora
por amar como pocas personas
con la vida que Dios te regaló.

Déjame observar tus mejillas
que tienen el perfil de la musa
por siempre enamorada,
que al pasar por los jardines
de los hombres fuiste cortejada
a sabiendas que eres bella…!


¡Sí, en todas las formas sin cuestión alguna!,
Pues, con solo mirarte el mortal se levanta
y su alma perdida vuelve a soñar
con la princesa que lleva en el alma.
Buscando en tus ojos la luz de su felicidad.
Aunque sabe que pude perderse…

Al comprender que tu mirada y tu faz,
son flores muy finas color de esmeralda.
Que solo los reyes las pueden tocar.
Que brotan como agua divina del alma.
Tú, sabes mi amiga que eres luz del alba
por ser como eres:¡ sencilla y hermosa!


Y extiendes tu mano al que sufre y que llora
por una esperanza quizás que no alcanza,
Pero con tu cuerpo que rasga en el cielo.
Tú, buscas la estrella más fuerte, valerosa,
Para con amor posarla en las manos
del mortal que sufre, o bien que tú amas.



Déjame decirte: Que yo soy tu amigo.
Que a mi no me importa si me das cariño,
solo soy un ser que encontró en tu belleza,
la flor que cualquiera la ve muy lejana,
por ser ese ángel que escapa del mundo
dónde los colores son de plata y oro.


Por último, déjame decirte:
¡Espero que encuentres tu anhelado príncipe!
Que cubra todos los detalles, pues tú te mereces
la luna y el cielo y hasta en un descuido la gloria?
Esa donde viven las diosas y dioses
Que les dan alivio a todos los mortales.


J. L. R. Z.
12/02/08.

Por: J. León Rodríguez Zúñiga